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| diariocordoba.com |
| 6 de Marzo de 2006 |
Síntomas que reflejan un cambio |
Los padres de Jacobo, un niño diagnosticado con 14 meses, saben a lo que se enfrentan gracias a la consulta de Diabetología Infantil del hospital Reina Sofía.M.J. RAYA (06/03/2006) Tener mellizos supone una doble responsabilidad y si encima uno de ellos es diabético la atención que se le presta es aún mayor, pues cuando el niño es pequeño no es consciente de su enfermedad y hay que vigilar su dieta y evolución. Y el problema aún se agrava más si el enfermo sólo tiene meses porque hay que adaptar la alimentación de un niño de meses a la diabetes. Este es el caso de Jacobo, hijo de Francisco Ruiz y Mónica Gómez y diabético desde los catorce meses. En el hospital Reina Sofía hay una consulta de educación diabetológica, con dos enfermeras (una para Consultas Externas, Obdulia Carrasco, y otra para hospitalización, Natividad García), en la que se atiende a todos los niños diabéticos. "En la unidad se les enseña a los padres todo lo referente a la enfermedad y a pinchar la insulina a sus hijos si son pequeños. Los niños de más edad salen conociendo qué es la diabetes e inyectándose ellos solos la insulina", señala Joaquín Gómez Vázquez. "Para los padres es un palo muy duro conocer que su hijo tiene una enfermedad crónica y más si sólo tiene meses. Lo primero que hay que explicar bien es en qué consiste la enfermedad, su pronóstico y la posibilidad de complicaciones, aclarando que si se hacen bien las cosas todo irá bien, de ahí la importancia de la educación diabetológica", añade Gómez. Misión La enfermera Natividad García lleva trabajando treinta años en el Reina Sofía con niños diabéticos y se encarga de atender a todos los menores con esta enfermedad para el diagnóstico, tratamiento, control y nutrición de la misma. "El programa educativo dura unos ocho días de media, dependiendo del nivel de comprensión de los padres y su objetivo es que las familias sean autosuficientes", apunta García. Una vez concluida esta fase se deriva a los pacientes a Consultas Externas, con la otra enfermera, y se les facilita un teléfono para cualquier duda, siendo la más frecuente cuando se detectan subidas o bajadas de azúcar. Muchos niños son diabéticos porque familiares suyos lo son. En el caso de Jacobo son sus abuelos maternos, pero a su hermano mellizo, Francisco Javier, no le han detectado la enfermedad. Sobre su madre recae la responsabilidad de administrarle la insulina e "incluso él me pone el dedo para que le pinche", cuenta Mónica. Ella notó que al niño le pasaba algo porque comía mucho "cuando era un mal comedor, se orinaba encima, le pesaba mucho el pañal, olía a acetona y tenía mucha sed. Poco después, en un control le detectaron azúcar en la sangre". "Ya estoy más serena, pero el primer día que supe que era diabético lo pasé peor", añade Mónica. Esta cordobesa destaca que "hay días en los que le realizo hasta diez controles porque tengo miedo a cualquier variación. Quiero que toda la familia o quien lo cuide conozca la enfermedad, por si le tienen que administrar la insulina porque tengo pensado incorporarme al trabajo después de todos estos meses de excedencia". Aunque la mayoría de los padres de niños diabéticos trata a sus hijos de forma normal, "es frecuente que los sobreprotejan y que los pequeños se vuelvan rebeldes", resalta Gómez Vázquez. Para este especialista hay una conclusión clara. La diabetes se puede presentar a cualquier edad, "pero se puede vivir con ella". |
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