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Miguel
Castillo
La
diabetes tipo 1 es una enfermedad crónica que exige cuidados continuos en
el día a día de quien la sufre. Es necesario mantener unos horarios
fijos de comidas, seguir unos hábitos saludables y llevar unas pautas
estrictas en los controles de glucemia y las inyecciones de insulina,
medidas más difíciles de llevar a cabo durante la adolescencia, un
periodo más bien descontrolado en el que el joven desea ir a su propio
ritmo y huye de las pautas marcadas.
La información se muestra como la única herramienta capaz de vencer el
rechazo inicial en el adolescente que recibe el diagnóstico de la
diabetes. “El momento en el que el joven conoce que es diabético suele
ser bastante duro, y si bien la negación de la enfermedad se produce en
todas la edades, es mayor durante la adolescencia, un periodo en el que el
joven intenta esconder cualquier problema que lo diferencia de los compañeros
de su misma edad”, comenta Eulalia Armengol, enfermera de la Unidad de
Endocrinología Pediátrica del Hospital Vall d’Hebron, en Barcelona, y
educadora en diabetes. “En el caso de la diabetes, el rechazo puede
perdurar durante un periodo largo, incluso toda la adolescencia. Cuesta
mucho conseguir llegar a aceptar completamente la enfermedad”.
Es necesario que el joven se responsabilice pronto del control de su
enfermedad, transmitiendo la importancia de ser metódico en los cuidados
y horarios. Aquí los padres tienen una tarea importante que desempeñar,
venciendo la tendencia natural a sobreproteger a su hijo y permitiéndole
cierta independencia. “Los conflictos familiares que suelen caracterizar
a esta edad pueden multiplicarse en el caso de la diabetes. A los padres
hay que aconsejarles que suelten un poco la cuerda y no intenten siempre
imponer su criterio. Hay que tener paciencia y dejar que el niño vaya
tomando poco a poco la iniciativa”.
Reforzar la educación
En opinión de Armengol, la figura del educador en diabetes debería
reforzarse aún más, pues en el caso de los adolescentes las necesidades
de información son muy grandes. “A estas edades, los jóvenes piden ser
escuchados mucho. No obstante hay gran cantidad de centros de salud en los
que no existen educadores en diabetes y su labor debe ser llevada a cabo
completamente por el endocrinólogo, que no siempre puede dedicar el
tiempo suficiente a estas tareas educativas”.
La formación del joven diabético debe incluir consejos concretos sobre
aspectos como el consumo de drogas ya que, al producir cierta pérdida de
control, añaden a los peligros derivados de su consumo otros riesgos
adicionales. “El joven bajo los efectos de las drogas puede olvidar
ponerse la insulina o confundir las dosis de ésta, lo que lo expone a un
peligro potencialmente mayor. También debe evitarse el tabaco, ya que en
el diabético se multiplican sus efectos nocivos”.
Reducir los riesgos
En el caso concreto del alcohol, se debe hacer hincapié en el riesgo de
que se produzcan hipoglucemias, que pueden llegar a ser graves. “Hay que
transmitir el mensaje de que es mejor no beber alcohol, pero sabemos que
en la práctica es muy probable que el adolescente termine consumiéndolo.
Por ello hay que informar acerca de qué es lo que ocurre al beber y de
los peligros que entraña”, apunta Armengol. Si se va a tomar alcohol
hay que optar por bebidas fermentadas, como el vino, la sidra o la
cerveza, que tienen menor graduación alcohólica. Además, se deben comer
alimentos que contengan hidratos de carbono ya que así se previenen las
hipoglucemias.
En cualquier caso, es importante que el joven informe de su diabetes a
amigos y compañeros para que sepan cómo ayudarle en caso de
hipoglucemia, cuyos síntomas pueden confundirse con los de una
borrachera. “El joven diabético también tiene que saber que en
hipoglucemias graves con pérdida de conocimiento se suele administrar
glucagón, un fármaco que en el caso de hipoglucemia ocasionada por
consumo de alcohol no tiene ningún efecto”.
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